La polineuropatía desmielinizante inflamatoria crónica (PDIC) es un trastorno autoinmune poco común que afecta los nervios. El diagnóstico puede ser un desafío debido a la superposición de síntomas con el síndrome de Guillain-Barré (SGB); a menudo, se sospecha PDIC cuando los síntomas persisten más de ocho semanas. Una vez identificado correctamente, es posible un tratamiento eficaz, aunque requiere un tratamiento cuidadoso.
Tratamientos de primera línea: el enfoque estándar
Los tratamientos más utilizados y respaldados por la evidencia para la PDIC incluyen intercambio de plasma, inmunoglobulina intravenosa (IGIV) y corticosteroides. Los médicos seleccionan el mejor enfoque según la gravedad de los síntomas, el daño a los nervios y la respuesta individual del paciente.
- Corticosteroides: Si bien son eficaces para reducir la inflamación, el uso prolongado conlleva riesgos importantes, como osteoporosis, presión arterial alta y diabetes. Por este motivo, no son ideales para el tratamiento crónico.
- Intercambio de plasma (plasmaféresis): Esto implica eliminar anticuerpos dañinos de la sangre y reemplazarlos con plasma saludable. Puede ser eficaz, pero requiere mucha mano de obra y proporciona alivio sólo durante unas pocas semanas seguidas.
- Terapia IVIG/SCIg: La infusión o inyección de inmunoglobulinas puede ayudar a calmar el ataque del sistema inmunológico a los nervios. Al igual que el recambio plasmático, los efectos son temporales y requieren tratamiento continuo.
Cuando los tratamientos de primera línea fallan: opciones de segunda línea
Si los tratamientos iniciales resultan ineficaces o causan efectos secundarios inaceptables, existen enfoques alternativos. Estos incluyen:
- Inhibidores de FcRn: Estos medicamentos reducen los niveles de anticuerpos dañinos. Se pueden administrar por vía intravenosa o mediante inyecciones subcutáneas en casa.
- Inhibidores de células B: El bloqueo de las células B, que producen anticuerpos, puede ayudar a controlar la respuesta autoinmune en la PDIC.
- Inmunosupresores: Estos medicamentos suprimen aún más el sistema inmunológico hiperactivo.
Terapias de apoyo: mejorar la calidad de vida
Además de la medicación, la terapia física y ocupacional son fundamentales. La fisioterapia mantiene la movilidad y reduce el dolor, mientras que la terapia ocupacional ayuda a los pacientes a adaptarse a los síntomas cambiantes y a mantenerse independientes. Los dispositivos de asistencia como aparatos ortopédicos, bastones y andadores pueden contribuir aún más a la función y la seguridad.
“El uso apropiado de dispositivos de rehabilitación y asistencia es tan importante como la medicación para maximizar la calidad de vida del paciente”, dice el Dr. Richard Lewis, neurólogo de Cedars-Sinai.
Conclusión
El tratamiento de la PDIC requiere un enfoque personalizado, comenzando con tratamientos de primera línea como corticosteroides, recambio plasmático o IGIV. Si estos fracasan, las terapias de segunda línea y la atención de apoyo (incluida la fisioterapia y la terapia ocupacional) pueden mejorar significativamente los resultados. Trabajar en estrecha colaboración con un neurólogo es esencial para optimizar el tratamiento y mejorar la calidad de vida a largo plazo.
